ABORDAJE DEL ENVEJECIMIENTO PERIBUCAL

Los labios envejecen. La piel de los labios es una capa extremadamente fina que recubre la mucosa, hasta cinco veces más delgada que el resto de la piel del rostro. Su color sonrosado se debe a los vasos sanguíneos que los recorren, transparentándose éstos debido a su pequeño espesor.
No existen melanocitos formadores de melanina, por lo que están desprotegidos ante el sol. Tampoco poseen glándulas sudoríparas ni sebáceas, lo que los deja sin el manto hidrolipídico que impida la deshidratación.  Así, no es de extrañar que los cambios de temperatura y la exposición al sol alteren la turgencia de los mismos.

Con el paso de los años se produce una resorción ósea y se relajan las estructuras ligamentarias que sujetan las partes blandas. Además, estos tejidos blandos soportan cambios histológicos; las células más superficiales (células epiteliales) aumentan su tamaño, disminuye el agua entre las mismas y se ve reducida su distensibilidad. Con los años los labios se vuelven menos elásticos y más secos. Aquí cobra especial importancia la elastosis producida por la exposición al sol sin la protección adecuada.

El grosor del labio también disminuye por atrofia del músculo orbicular; junto con la pérdida de la grasa subcutánea hacen que el volumen disminuya, se aplane el labio y se pierda definición de las curvaturas . En los jóvenes el arco de Cupido y la línea del perfil cutáneo-mucoso son convexos; sin embargo, el filtro es cóncavo.

¿Cómo cuidar los labios?

Una correcta hidratación es fundamental y para ello se recomiendan tratamientos específicos que protejan el epitelio y la mucosa del medio externo e impidan la pérdida de agua. Son cosméticos para mejorar la textura y flexibilidad de la piel. Para su contorno se recomiendan nutrientes, reparadores e incluso protectores solares que impidan la oxidación cutánea y la pigmentación del labio superior (melasma del labio).

Es importante también exfoliar los labios con el fin de eliminar las células muertas y favorecer la renovación de las mismas.

Durante el día se recomienda la aplicación de antioxidantes en forma de sérum; entre ellos se incluyen el ácido ferúlico, reveratrol, vitamina E, floretina, vitamina C, entre otros.  Un antioxidante es una molécula capaz de bloquear los radicales libres que dañan la piel. Los radicales libres (RRLL) se generan de manera natural por el propio metabolismo, y de forma más intensa cuando sobre ella incide la radiación ultravioleta del sol, el humo del tabaco o la polución.
Es imprescindible la aplicación de protectores solares para evitar la acción nociva de los rayos, que conllevan la pérdida de elasticidad y la formación de arrugas peribucales.

Por la noche es imprescindible una correcta limpieza y desmaquillar en su caso. El efecto terapéutico y preventivo de la formación de arrugas del uso de retinoides tópicos está más que demostrado. Su administración debe ser paulatina, comenzando dos noches por semana a una concentración suave e ir incrementando progresivamente hasta aplicarlo todas las noches en función de la tolerancia. Su uso exige el uso de factores de protección solar total durante todo el año.

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